En el año del Bicentenario…
NI UN PESO PARA LA DEUDA EXTERNA!
En esencia, el grueso de la Deuda Externa fue consecuencia de la Dictadura Militar, iniciada el 24 de marzo de 1976. En esa fecha, la deuda pública y privada era de 7.875 millones de dólares; en 1983 ascendía a 46.200 millones de dólares. Ésta había sido alimentada cuando Cavallo, en 1982, “estatizó” la deuda privada de los grupos económicos “amigos” de los militares. Para garantizar tal desangre económico, debieron realizar un verdadero genocidio que se llevó a 30 mil luchadores y activistas.
Tras el regreso de la democracia, año a año los gobiernos de turno se ocupan de cumplir con una deuda que ya hemos pagado varias veces en forma de intereses, volviendo a pedir préstamos para pagar lo anterior, dejando cada vez más pobreza y más miseria en el país.
Este gobierno se pinta de “progre”, mientras la inflación hace estragos en los ingresos de los trabajadores y los presupuestos congelados de salud y educación. Gobierna para los grandes empresarios, las multinacionales y las privatizadas. Por eso deja vía libre a la inflación, llegando al 100% de aumento en los productos básicos como carne y verduras. En esta tarea, cuenta con el inestimable apoyo de las burocracias de la CGT y CTA, que acuerdan salarios de miseria y atan las manos a los trabajadores a la hora de salir a pelear por salario. Tenemos el triste ejemplo del arreglo de CTERA-CTA (el principal gremio docente a nivel nacional) que acordó en paritarias un aumento de un 17% que intenta jugar el rol de techo salarial para el año, cuando la inflación real ha superado esa cifra enormemente.
En 2009, el Gobierno y la “oposición” votaron el Presupuesto 2010 en el Congreso, donde se incluía la reserva de 10 mil millones de dólares para pagar vencimientos de Deuda, que saldrían del Tesoro Nacional.
Hoy, el gobierno de los Kirchner se encuentra profundamente comprometido con seguir entregando la riqueza del país. Sus intentos desesperados por pagar la ilegítima deuda externa de cualquier modo han generado una crisis política de gran magnitud. Primero, con la creación del Fondo del Bicentenario. Y, ahora, con el Fondo del Desendeudamiento. Del otro lado, la oposición patronal (UCR-Ari-PJ disidente) se opone sólo para disputarle el control de la “caja” para el clientelismo.
En definitiva, todos coinciden en pagar la Deuda Externa y en no debatir sobre las necesidades concretas de los trabajadores y sectores populares, entre las que se encuentra la crisis de la Educación Estatal y Pública.
El gobierno nacional decidió congelar el presupuesto para educación, es decir, no aumentar ni un sólo peso. Por el contrario, diputados y senadores oficialistas y opositores discutieron que la partida presupuestaria para pagar la Deuda Externa sería tres veces mayor al presupuesto destinado a las Universidades Nacionales. Siendo complices de esto tanto las autoridades del Rectorado y de los gobiernos de cada Facultad.
En la UBA estamos acostumbrados a los problemas que nos presenta la falta de presupuesto (edificio que se caen a pedazos, falta de aulas, distintas sedes de cursada, etc).
En resumen, el modelo educativo del gobierno y sus aliados en la UBA, es privatizador. Por eso debemos salir a luchar por el financiamiento único estatal, para evitar que las empresas entren en nuestras carreras a cambio de dinero que debe poner el estado. El financiamiento debe obtenerse del no pago de la deuda externa, la eliminación de subsidios a la educación privada y fuertes impuestos a las grandes empresas.
Es necesario que desde el movimiento estudiantil intervengamos en la crisis política y económica que atraviesa el país, con una política clara: apoyando todas y cada una de las peleas de los trabajadores; enfrentando al “modelo” K de salarios de miseria e inflación, así como a cualquier intento de ajuste, exigiendo que no vaya ni un peso más para la deuda y que ese dineral se utilice para educación, salud y trabajo.
En el año del bicentenario de la revolución de mayo, este es el único camino para lograr una real y definitiva segunda independencia. Es necesario pelear por una verdadera alternativa política. Ni los K, ni la oposición patronal. Tampoco sirven las medias tintas de la centroizquierda. Necesitamos una alternativa que surja de los trabajadores y los sectores populares.
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